{"id":664,"date":"2024-08-12T21:04:13","date_gmt":"2024-08-13T04:04:13","guid":{"rendered":"https:\/\/mujeresaladas.com\/?p=664"},"modified":"2024-08-12T21:04:13","modified_gmt":"2024-08-13T04:04:13","slug":"el-arbolito-de-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mujeresaladas.com\/index.php\/2024\/08\/12\/el-arbolito-de-navidad\/","title":{"rendered":"El arbolito de Navidad"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"638\" height=\"638\" src=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/f638x638-47407_105574_5050.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-665\" srcset=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/f638x638-47407_105574_5050.jpg 638w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/f638x638-47407_105574_5050-300x300.jpg 300w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/f638x638-47407_105574_5050-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 638px) 100vw, 638px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><br>Por Raquel Pietrobelli<\/p>\n\n\n\n<p>Han pasado tantos a\u00f1os\u2026pero nunca lo olvidar\u00e9. Un ramalazo agridulce me anega el alma cada Navidad, y una sonrisa me gana, a veces contaminada con alguna l\u00e1grima fugitiva y no deseada.<\/p>\n\n\n\n<p>Paso por las vidrieras encendidas de colores y brillos; como record\u00e1ndome que se vienen las fiestas y que debemos danzar en purpurinas y bolas luminosas y pandulces de papeles colorinches, y regalos y brindis y burbujas y cohetes y deseos estrenados. Y arbolitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es all\u00ed, justo ah\u00ed, cuando el coraz\u00f3n se me detiene..<\/p>\n\n\n\n<p>Fue la desilusi\u00f3n m\u00e1s grande de mi vida y pienso \u00bfYa me cur\u00e9? \u00bfHoy lo puedo hablar, indemne a la<br>tristeza? \u00bfPor qu\u00e9 los recuerdos me vuelven a invadir, intrusos, todos los a\u00f1os, a\u00f1os tras a\u00f1os? Vienen a m\u00ed, como incrustados en mi coraz\u00f3n, los recuerdos\u2026 Me acuerdo del tren que nos tra\u00eda la bulliciosa ciudad al pueblo, donde hab\u00eda pavimento, luces, helados, circos y payasos, y calesitas. <\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n nos tra\u00eda las revistas, cada lunes. Y era descubrir en esas p\u00e1ginas satinadas, un mundo lejos. Pero tan lejos. Era \u00e9poca de ensue\u00f1os. Mirar una foto en las revistas y divagar que est\u00e1bamos all\u00ed. Los edificios, los autos, las tiendas con maniqu\u00edes sonrientes, la gente elegante, las tiendas gigantes, los bares con m\u00fasica y gente feliz, los autos lustrosos. Pero yo no sent\u00eda tristeza precisamente. Ten\u00eda conciencia de que exist\u00eda ese otro universo \u00a1que estaba tan lejos de nosotros! pero yo sab\u00eda que, quiz\u00e1s, alg\u00fan d\u00eda nos tocar\u00eda. Alg\u00fan d\u00eda lo \u00edbamos a alcanzar. Seguro.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros, yo y mis nueve hermanos, \u00e9ramos felices igual.<\/p>\n\n\n\n<p>La felicidad del pobre. No ten\u00edamos heladera, ni luz, ni Internet, ni auto, ni Nintendos, ni vacaciones, ni piscinas, ni tele, ni fast food, ni cines, ni peloteros.El mundo se remit\u00eda a la llegada del tren, a la escuela, la placita, las kermeses de la iglesia, y la carrera de embolsados los 25 de mayo, alg\u00fan cumplea\u00f1os, alguna que otra comuni\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo me sumerg\u00eda en esas revistas que proclamaban otro mundo: \u201cRadiolandia\u201d, \u201cIdilio\u201d, \u201cPara Ti\u201d, \u201cEl Tony\u201d, \u201cD\u2019Artagnan\u201d, \u201cIntervalo\u201d\u2026 Me acuerdo que ya le\u00eda, embelesada, las historietas magn\u00edficas de Robin Wood: \u201cPepe S\u00e1nchez\u201d, \u201cNippur de Lagash\u201d; los maravillosos cuentos de Poldy Bird, que me transportaban a la estrat\u00f3sfera.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca tuve un arbolito de Navidad, y ve\u00eda en esas revistas c\u00f3mo los artistas festejaban las fiestas al lado de esos \u00e1rboles maravillosos, aparecidos de un cuento de hadas. Estaban siempre en una esquina, refulgentes, irradiaban felicidad, llenos de luces, con guirnaldas danzantes, paquetes envueltos en celof\u00e1n de irisados hermosos, con una grandiosa estrella en el copete. A veces con pesebres, los Reyes Magos, el Ni\u00f1o Jes\u00fas, los burritos, los camellos. \u00a1Qu\u00e9 maravilla! Yo deliraba por tener esas cosas, que nunca tuvimos. Cre\u00eda que solo los millonarios podr\u00edan tenerlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, mi mam\u00e1 me mostr\u00f3 la rifa que hac\u00eda la escuela, sorteando plata. Me prometi\u00f3 que, si sac\u00e1bamos la rifa, me comprar\u00eda un arbolito. Mandar\u00eda a buscar todo a la ciudad Yo ya no pod\u00eda dormir, fantaseando sobre las cajas y cajas que el milagroso tren me traer\u00eda. C\u00f3mo lo armar\u00eda, c\u00f3mo ser\u00edan las bolas brillantes, c\u00f3mo las serpentinas plateadas, c\u00f3mo los Reyes Magos, c\u00f3mo el camello \u00a1Qu\u00e9 locura decirle a mis amigos que vengan a mi casa a ver el pesebre! Ya deliraba de c\u00f3mo me envidiar\u00edan mis compa\u00f1eros de la escuela, mis vecinos, mis primos.<\/p>\n\n\n\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas de clase, un d\u00eda, vienen mis hermanos y me cuentan, alborozados, que yo hab\u00eda<br>sacado el primer premio. Hasta hoy me acuerdo que me re\u00ed y llor\u00e9 de felicidad a la vez. No dorm\u00ed toda la noche pensando en todo lo que har\u00eda con esa plata, era la plata que me abrir\u00eda el camino a la felicidad, y me la hab\u00eda mandado el Ni\u00f1o Dios, pens\u00e9. Al d\u00eda siguiente fui a la escuela y reclam\u00e9 mi premio a la maestra, y me dijo que ya se hab\u00eda entregado el premio, que yo no era la beneficiaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Al volver a mi casa, destrozada, me enter\u00e9 que mis hermanos me quisieron hacer una broma. Llor\u00e9 por una semana y no habl\u00e9 con mis hermanos por un mes.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de los a\u00f1os comprend\u00ed que solo hab\u00eda sido una travesura de ni\u00f1os. Ellos nunca llegaron a<br>tener la dimensi\u00f3n de lo que yo me hab\u00eda ilusionado con ese arbolito, lo que hab\u00eda planeado con ser<br>\u201cmillonaria\u201d una Navidad, aunque sea. Nunca entendieron por qu\u00e9 llor\u00e9 tanto. Era mi infancia hecha trizas. Eran cenizas de una crueldad que ni siquiera soslayaron que matar\u00eda ferozmente mis sue\u00f1os de ni\u00f1a pobre, de pueblo perdido en esos caminos polvorientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los a\u00f1os pasaron. En alg\u00fan momento nos vinimos a la ciudad. Mis revistas favoritas dejaron de aparecer, con ellas se esfumaron mis mejores amigos. Apareci\u00f3 ese mundo de pavimentos, de ruidos citadinos, de gente diferente, de vidrieras iluminadas y carteles de neones. Tambi\u00e9n me enter\u00e9 que los Reyes Magos eran una farsa, descubr\u00ed que los pandulces ya no se hac\u00edan en los hornos de barro, y que el tren de mi pueblo dej\u00f3 de funcionar; que Patoruzito ya no viv\u00eda en el sur, y que Popeye el Marino no com\u00eda espinacas para tener superpoderes.<\/p>\n\n\n\n<p>Descubr\u00ed que las charlas, los mimos, las revistas de historietas, la rayuela, la embopa, la b\u00fasqueda del tesoro, el gallito ciego, las canicas de cristal, las mu\u00f1ecas Pier Angeli, todo, todo fue reemplazado<br>por un aparatito m\u00e1gico, llamado \u201ccelular\u201d. Tuve otras Navidades, con muchos arbolitos, con muchos paquetes relucientes. Pero nunca, nunca, pude secar del todo esas l\u00e1grimas que derram\u00e9 cuando era ni\u00f1a, cuando esperaba todo de la vida como se espera una inmensa, azucarada y maravillosa pi\u00f1ata de cumplea\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre sent\u00ed tristeza por esa nena que fui, por esa felicidad que no tuve, por esas esperanzas marchitas, por la inmensa dicha que perd\u00ed, vestida con los dolorosos ropajes de la pobreza que no ten\u00eda que ver con la plata, sino con los opacos mundos de los sue\u00f1os rotos.<br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Raquel Pietrobelli Han pasado tantos a\u00f1os\u2026pero nunca lo olvidar\u00e9. 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