{"id":658,"date":"2024-08-12T20:42:59","date_gmt":"2024-08-13T03:42:59","guid":{"rendered":"https:\/\/mujeresaladas.com\/?p=658"},"modified":"2024-08-12T20:42:59","modified_gmt":"2024-08-13T03:42:59","slug":"havana-cub","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mujeresaladas.com\/index.php\/2024\/08\/12\/havana-cub\/","title":{"rendered":"Havana Cub"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Dining-in-the-Dark-10-1024x683-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-659\" srcset=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Dining-in-the-Dark-10-1024x683-1.png 1024w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Dining-in-the-Dark-10-1024x683-1-300x200.png 300w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/Dining-in-the-Dark-10-1024x683-1-768x512.png 768w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Por Maribel Betancur Cort\u00e9s<\/p>\n\n\n\n<p>Abre la puerta. Tiene rastros del r\u00edmel. El aliento hiede a alcohol, puede sentirse a kil\u00f3metros; usa<br>una camiseta de mi novio. Se le marcan los pezones. Me pregunta qu\u00e9 necesito. Me revisa de pies a<br>cabeza y reacciona para decir que Ernesto me est\u00e1 esperando, pero que se qued\u00f3 dormido despu\u00e9s<br>de que hicieron el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>A Ernesto lo precede su fama de mujeriego.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuatro meses antes, me encontraba terminando esa traum\u00e1tica relaci\u00f3n de la que casi no logro salir.<br>Ernesto y yo trabajamos juntos. \u00c9l tambi\u00e9n hab\u00eda tenido la discusi\u00f3n definitiva con su esposa. Ese<br>viernes, al terminar la jornada laboral nos tomamos una copa. En la charla, como dos adultos<br>irresponsables, decidimos darnos una oportunidad y, luego de unos tragos, pasamos nuestra<br>primera noche juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por el chat, actualizo a las chicas sobre la noche de copas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s loca? El tipo te va a lastimar.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llegan toda clase de recomendaciones que advierten el l\u00edo en el que me estoy metiendo. En mi<br>defensa, dije que ya nadie pod\u00eda hacerme da\u00f1o. Voy a ser precavida, les promet\u00ed. Adem\u00e1s, estaba<br>segura de poder enamorarlo y hacerlo cambiar.<\/p>\n\n\n\n<p>La relaci\u00f3n con Ernesto empez\u00f3 a la velocidad de la luz. Una semana despu\u00e9s del encuentro en el<br>bar, estuvimos encerrados por tres d\u00edas, tomando whisky y escuchando vallenato. Ernesto tambi\u00e9n<br>ten\u00eda fama de alcoh\u00f3lico, iba a confirmarlo despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre esas copas, Ernesto me cont\u00f3 que se iba para Cuba y me invit\u00f3 a ir con \u00e9l, con todo pagado.<br>Como buen pol\u00edtico, es un hombre generoso, no le cuesta gastar dinero en lo que le da placer.<br>Una propuesta para nada despreciable. Ya me hab\u00edan contado de los viajes anuales de Ernesto a<br>Cuba. Dicen que eran fugas para toda clase de consumos, incluyendo mujeres.<\/p>\n\n\n\n<p>Montada en el tren bala, acept\u00e9 la invitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como pre\u00e1mbulo para el viaje, dormimos juntos por dos semanas en su apartamento o en el m\u00edo,<br>teniendo sexo como conejos, alcoholizados, desenfrenados. Su presencia en mi vida era adrenalina<br>pura, verlo era como meterme un pase de coca\u00edna cada d\u00eda; besarlo y hacernos el amor era como<br>hacer un viaje con hongos m\u00e1gicos. Ernesto me exhib\u00eda con sus amigos como un precioso tesoro,<br>pero, en la oscuridad, segu\u00eda anhelando \u2014entre otras\u2014, a su secretaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Ernesto el martes a Cuba, yo llegu\u00e9 el jueves. Entre martes y mi\u00e9rcoles las conversaciones con<br>Ernesto fueron mon\u00f3logos, pero alcanz\u00f3 a decirme que alguien iba a ir por mi al aeropuerto de La<br>Habana. Por si acaso, y prevenida como soy, le ped\u00ed la direcci\u00f3n del apartamento que rent\u00f3 en La<br>Habana Vieja.<\/p>\n\n\n\n<p>Aterric\u00e9 en el aeropuerto Jos\u00e9 Mart\u00ed. No hab\u00eda nadie para recogerme. Por si acaso, y prevenida<br>como soy, llevaba unos euros que cambi\u00e9 por pesos cubanos. Un taxi directo hasta el punto de<br>referencia que result\u00f3, por fuera, parecer un edificio abandonado. Pregunto por el acceso, me<br>se\u00f1alan un t\u00e9trico ascensor. Piso siete. Parece el laberinto del Fauno. Intento encontrar alguna<br>nomenclatura, descubro el ojo de una mujer medio asomada a su puerta. El coraz\u00f3n se me quer\u00eda<br>salir del pecho, las piernas me temblaban, casi no logro sacar la voz y mantener coherencia para<br>preguntarle por el apartamento 725.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer, sin abrir su puerta, saca la mitad de su cara y me pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfUsted es la mujer del se\u00f1or Ernesto?<\/p>\n\n\n\n<p>Con una inmensa sonrisa y el pecho inflado le digo que s\u00ed, soy yo. La mujer abre la puerta y me<br>dice que se alegra de mi presencia pero que no me va a gustar lo que voy a encontrar. Me pide que<br>ponga orden. La tranquilizo. Lo que sea que pas\u00f3, Ernesto tiene dinero y va a pagar todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar al apartamento, hay una puerta de madera. La toco. Abre la cubana. Cuando me reconoce,<br>me deja pasar. En la sala, hay unas quince botellas de ron Havana Club; en la barra de la cocina, otras<br>diez. En la \u00fanica habitaci\u00f3n, hay una cama en la que duerme Ernesto. Un olor, mezcla entre alcohol<br>fermentado, cigarrillo, orines y mierda, golpea mi rostro. En sus ojos entreabiertos, se ve la<br>escler\u00f3tica. La cubana se acuesta a su lado, sigue durmiendo. Le pongo la mano en el pecho a<br>Ernesto para saber si respira. El tipo toma medicamentos para la tensi\u00f3n arterial. Respira. Hay<br>orines secos y frescos en su short beige. Al lado de la puerta, hay una pila de excremento que ya<br>tiene moscas.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de tres horas, he limpiado el lugar y ahora parece habitable. Consigo unos sueros de<br>hidrataci\u00f3n. Despierto a la cubana y le pido que se vaya. Luego a Ernesto, le doy los sueros y lo llevo a<br>la ducha. Logra reconocerme.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mi amor, \u00bfllegaste?<\/p>\n\n\n\n<p>No le respondo. Mientras \u00e9l se ducha, logro asear la cama. Regresa a ella y cae en coma hasta el<br>otro d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Es viernes; despierto a Ernesto con una taza de caf\u00e9 negro y la medicina depara la tensi\u00f3n.<br>Coordinando algunas ideas, me pregunta qu\u00e9 pas\u00f3. Le devuelvo su pregunta. Dice que no recuerda<br>nada. Tampoco a la mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Tocan la puerta del apartamento. Es el conductor que nos va a llevar a Varadero.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1gicos en la playa. No se habla m\u00e1s del tema.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy enamorada. Puedo soportar lo que sea.<\/p>\n\n\n\n<p>Una semana despu\u00e9s en Bogot\u00e1, mientras almorzamos, emerge en su tel\u00e9fono un chat, ella se llama<br>Viviana y le escribe: \u201cGracias por lo de anoche, fue incre\u00edble\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy enamorada. Puedo soportar lo que sea.<br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Maribel Betancur Cort\u00e9s Abre la puerta. Tiene rastros del r\u00edmel. 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