{"id":655,"date":"2024-08-12T20:35:24","date_gmt":"2024-08-13T03:35:24","guid":{"rendered":"https:\/\/mujeresaladas.com\/?p=655"},"modified":"2024-08-12T20:35:25","modified_gmt":"2024-08-13T03:35:25","slug":"impermanencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mujeresaladas.com\/index.php\/2024\/08\/12\/impermanencia\/","title":{"rendered":"Impermanencia"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala-1024x683.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-656\" srcset=\"https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala-300x200.jpg 300w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala-768x512.jpg 768w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/mujeresaladas.com\/wp-content\/uploads\/2024\/08\/bengala.jpg 1620w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Por Ana Korea Espinoza<\/p>\n\n\n\n<p>El invierno es temporada de bengalas. Peque\u00f1as estrellas que florecen en las manos m\u00e1s fr\u00edas, para dotarlas de calidez, durante el breve instante en que est\u00e1n vivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando mueren, son tiradas al suelo. Remplazadas por otra ex\u00e1ctamente igual, y su noble sacrificio, se convierte en una burla que s\u00f3lo ellas pueden ignorar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando brillan, son eternas. Explotando en una belleza inalcanzable, que perece bajo el mismo halo en el que nace.<\/p>\n\n\n\n<p>Las bengalas del piso, secas y muertas, son capaces de mirar a las estrellas del cielo nocturno. A diferencia de ellas, cuando caen, ofrecen milagros.<\/p>\n\n\n\n<p>Sostengo la bengala entre mis dedos, a\u00fan sin prenderla. Los extra\u00f1os que me la ofrecieron, contin\u00faan prendi\u00e9ndolas, una tras otra, parecen muy animados. Sus risas no tienen sonido, y los clips editados de sus celulares, inundados por canciones en un futuro, tampoco mostrar\u00e1n el sonido que nunca escuch\u00e9, el de sus voces, el de sus risas. Tal vez es porque est\u00e1n demasiado lejos, a una bengala de m\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Obesrv\u00f3 el palito negro, lleno de polvo de hierro. Es \u00e1spero al tacto, parece tan insignificante sin el fuego que le dota de su \u00fanico momento de valent\u00eda. Es fea y se esconde entre mis dedos para que no la vea, suplic\u00e1ndome que la encienda, suplic\u00e1ndome que la mate \u201c\u00bfVale la pena?\u201d Le pregunto. Pero se niega a responderme, permanece callada. Poco a poco voy entendiendo que no es porque no pueda hablar, sino porque no quiere hacerlo. Est\u00e1 enojada conmigo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En cuclillas, la deposit\u00f3 en la nieve, a un lado de m\u00ed. Comparo si su cuerpo es igual a aquellas que ya fueron quemadas y dejadas atr\u00e1s. Con sorpresa, veo que no lo son. La bengala sin encender parece un desperdicio, y las que fueron prendidas, no parecen, lo son. En un tiempo de posibilidad y hechos, la bengala que dej\u00e9 en el suelo guarda el mismo potencial, que puso fin a las otras.<\/p>\n\n\n\n<p>Tengo fr\u00edo, si no entro pronto, los dem\u00e1s saldr\u00e1n a buscarme. El grupo de extra\u00f1os se fue hace tiempo, una vez que quemaron toda su caja de fuegos artificiales. Que tonta, ni siquiera tengo fuego, olvid\u00e9 ped\u00edrselos. Debato si entrar&nbsp; por un encendedor, pero no quiero hacerlo. Dentro, aunque las paredes son c\u00e1lidas, existe un fr\u00edo diferente. Una vez que regrese, este momento desaparecer\u00e1 para siempre. Pero sin fuego no podr\u00e9 encender la bengala.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sigo el rastro de bengalas muertas de los extra\u00f1os, entre el resto de cad\u00e1veres tambi\u00e9n hay cerrillos usados. Busco entre todos ellos, en una ordenada fila que aline\u00e9 para despedir a los difuntos, el cerrillo menos h\u00famedo. Intento encenderlo pero la masa negra s\u00f3lo se desprende, como un terr\u00f3n negruzco y desbordado, dejando s\u00f3lo una triste astilla de madera. Comienzo a sacrificar a los peque\u00f1os soldados quemados, uno tras otro, en espera de que alguno encienda. La larga fila se reduce a tres, los miro con l\u00e1stima y ellos me regresan una mirada de simpat\u00eda. Les prometo darles sepultura honrada a sus colegas, en aras de que enciendan.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El primero, est\u00e1 un poco doblado por la parte de abajo. Es como yo, encorvado. Pretendiendo que puede hacerlo, al igual que los dem\u00e1s. Pongo en \u00e9l mi deseo \u00aberes mi incapacidad\u00bb \u00bfPuedes encender esta luz por m\u00ed? Deslizo su cansada cabeza y cuando el fantasmal humo comienza a brotar, descubro con un vac\u00edo en el mismo pecho del cual brota el humo, que no ha encendido. Lo deposit\u00f3 con especial cuidado en el suelo, ahora no hay nada m\u00e1s que \u00e9l pueda hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo, se encuentra completamente recto, casi perfecto. Pero es el m\u00e1s h\u00famedo. Me recuerda mi desmotivaci\u00f3n. Lo mir\u00f3 con un poco de rencor y a\u00fan reticente le pregunto \u201c\u00bfPuedes encender esta luz por m\u00ed?\u201d No espero su respuesta, el chirrido indica que la llama est\u00e1 por encender, pero el intento perece en cuanto la humedad consume la peque\u00f1a lucha, doblo el cerillo con rabia, y s\u00f3lo una vez que lo veo partido, me arrepiento. Falta uno y parece que lo vio todo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>El tercero, est\u00e1 astillado. A diferencia de los otros dos, parece m\u00e1s peligroso que yo. Es el que me hace sentir m\u00e1s c\u00f3moda. Lo tomo y una sonrisa arrogante comienza a formarse en nuestros labios. Cuando intento deslizarlo, las puntas rebeldes de madera se clavan en las yemas de mis dedos. Duele, pero no me detengo. No enciende. Me he quedado sin cerrillos. En este campo donde se libraron cientos de batallas, s\u00f3lo quedamos mi fracaso y yo, por lo que no me siento tan sola.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Clavo la bengala intacta en la nieve. Se yergue sin verg\u00fcenza. Y todos los momentos que quer\u00eda depositar en su ef\u00edmero brillo, contin\u00faan atrapados en m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>De cuclillas, de espalda a la puerta, la escuch\u00f3 abrirse. Tard\u00e9 demasiado en volver. Julia sale con paso apresurado y tira un su\u00e9ter encima m\u00edo, sin dejarme hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9 tardas tanto? \u00bfQu\u00e9 es eso? \u00bfQuieres un encendedor? Hay varios adentro. Est\u00e1 muy fr\u00edo para que sigas aqu\u00ed afuera\u2013 Julia entra nuevamente. Vuelve a m\u00ed con el mismo \u00edmpetu de sus palabras. Se sacude con pasos cortos y pesados me indican que se acerca. Extiende un encendedor hacia m\u00ed:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Aqu\u00ed tienes bella, apres\u00farate.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013No tardar\u00e1 mucho tiempo\u2013 contesto. Pero no es capaz de entender el significado completo de mis palabras, ni la tristeza que en ellas albergo. Se va despu\u00e9s de recordarme de nuevo que entre r\u00e1pido porque hace fr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Presiono el peque\u00f1o bot\u00f3n y una llama peque\u00f1a responde al instante. Sin esfuerzo. Sin lucha. Un azul puro que pretende ser blanco, pero no lo es. Jam\u00e1s podr\u00e1 serlo. Acerco la llama hacia la bengala que est\u00e1 clavada en la nieve, la expectativa del momento me impide despegar la mirada de ella, una vez que las llamas toman el polvo de hierro, las chispas comienzan a brotar. Peque\u00f1as y saltarinas, prepar\u00e1ndose para su gran debut. En un segundo, su brillo explota en una inmensidad desmedida, como las luces que centellean en el cielo, con la gracia del suelo. Es hermoso. Una belleza que no podr\u00e1 prevalecer mucho m\u00e1s all\u00e1 de ella misma. Con desesperaci\u00f3n veo c\u00f3mo se consume la mitad \u00bfQu\u00e9 es lo que quer\u00eda depositar en esta peque\u00f1a luz? \u00bfQu\u00e9 es lo que quer\u00eda olvidar? El miedo brota sin ning\u00fan sentido, mi mano se extiende sin esperar \u00f3rdenes, rodea con su gran palma el palo de hierro y lo encierra en un segundo, guardando su danza, sin dejarla llegar al final.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00a1Pero qu\u00e9 haces!\u2013 Julia corre hac\u00eda ac\u00e1. No entiendo porque. Algo h\u00famedo gotea. Julia aparta mi mano con fuerza y comienza a examinarla \u2013\u00a1C\u00f3mo puedes seguir sosteniendo eso despu\u00e9s de haber gritado de semejante manera! \u00a1Alberto! \u00a1Alberto! \u00a1Trae el botiqu\u00edn! \u00a1Se ha quemado toda la palma!<\/p>\n\n\n\n<p>La bengala, con la mitad del polvo de hierro consumido y el resto intacto, permanece eterna. Sin terminar de consumarse, sin desperdiciarse. Creo que he pagado un precio muy peque\u00f1o, para salvar su brillo eterno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que esta vez, podr\u00e9 salir del hospital.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Ana Korea Espinoza El invierno es temporada de bengalas. 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